El viento mece lentamente las hojas mientras el tiempo desencadena irremediablemente en la primavera. Un largo y frío otoño se despide con los últimos arreones del mal humor, después tras la bruma se ve a lo lejos un pequeño haz de luz, un diminuto rayo de sol que luchando entre las opacas nubes, llama a coscorrones al buen tiempo. En esa feroz lucha, en ese terrible enfrentamiento donde el astro rey de forma vehemente se decide a irumpir por fin en nuestras oscuras y tristes vidas. Tras la dura batalla el debilitado otoño nos ataca con todo lo que tiene con todo su alma, pero por fin a lo lejos canta la llegada el Buen TIEMPO.
Joe laberinto C a minaba Joe por el trazado imperdonable, paso a paso cabalgaba con el peso de la culpa, cada decisión tomada le apremiaba con tanta fuerza que el pequeño Joe no podía continuar. Mil bifurcaciones le separaban de la decisión correcta, cada alegato de verdad se veía intoxicado de una oscura neblina y el bueno de Joe no podía decidir entre el imperceptible bien y la marea gigante del mal. Con el paso del tiempo y tras recorrer ingentes cantidades de sendas olvidadas, nuestro amigo empezó a comprender que tan nimias eran sus decisiones que simplemente dejándose llevar por el embrollo de la vida podría acertar en su itinerario. Joe laberinto viajo por los confines del mundo, visitó lugares prohibidos, probó las mieles del deseo. Lucho a orillas del Volga. Simplemente su futuro no era el esperado por sus allegados. Impávido ante sus decisiones, recorrió mil sendas que llevaban al fin, el mar en la caída, le acuno muy despacio y por fin Joe laberinto encontró el viaje...
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